Historias de un verano caliente

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Corría el verano en un municipio del interior, donde los padres dejaban a sus hijos en casa de los abuelos o de los tíos. Éstos ya no eran unos niños, y confiaban en su ya ganada responsabilidad durante los meses del curso.

En la antigua casa de la abuela se habían quedado desde ese fin de semana Joan, Andrea y Ruth. Joan es un chico de una capital de provincia, bastante delgado y espigado, casi con aires amanerados, y guapo de cara y amable. Era muy bien educado. Andrea y Ruth eran hermanas y primas de Joan. Venían de otra ciudad más cercana. Ambas eran de estatura media, delgaditas, Ruth algo más que Andrea, con una figura envidiable, digna de sus edades, con busto bastante prominente, sobre todo el de Andrea y con caras angelicales.
Se llevaban muy bien entre ellos. Aunque puede decirse que solo se ven de verano en verano, hay buen “filin” y enseguida están como si se vieran desde el primer día. Así había ocurrido, a pesar de que el verano pasado no coincidieron y hacía dos años que no se veían, por lo que los cambios físicos que se notaron entre ellos eran bastante evidentes, por lo que sirvió de juego de iniciación, a base de risas y burlas, para salvar las barreas de la vergüenza que podían tener después de tanto tiempo sin verse.
La abuela estaba encantada de tenerlos en casa, y les dejaba bastante espacio de libertar, en parte por lo responsables que se veían, en parte para que le dejaran respirar un poco a ella. No eran chicos conflictivos para comer, ni para poner o recoger la mesa, para llevar su ropa a lavar o para hacerse la cama. Los tres dormían en el desván de la casa. Todavía recordaban haber visto ese desván viejo, con los maderos vistos del tejado, con aquella puerta que arrastraba al abrirse, con una pequeña bombilla en el centro que apenas iluminaba toda la estancia. Ahora estaba muy cambiado. Había una sala grande al entrar, donde estaban tres camas y a la izquierda otra pequeña sala con otra cama más grande que las tres anteriores, y un pequeño aseo, con lavabo, inodoro y ducha. El aseo no tenía iluminación así como la pequeña sala, y la grande tenía dos ventanucos en el techo inclinado, que iluminaban de sobra todas las estancias, pues no había puertas que las separara, sino un hueco existente entre aquellos enormes muros. El aseo si tenía puerta, pero disponía de unos cristales pegados a techo por donde entraba la luz.
El tercer día de verano para nuestros protagonistas fue muy movidito. Estuvieron por la mañana en la piscina y por la tarde se fueron al rio con unos amigos. Como el pueblo era pequeño casi todos los jóvenes iban juntos, aunque hubiera diferencia de edad. Joan era de la edad de Andrea y Ruth tenía un año menos. Y la pandilla de Joan, que era con la que iban, había chicos de dos años mayor que Joan a 2 años menor. Luego las otras pandillas que había o ya eran muy mayores y de muy pequeños.
Cuando llegaron a casa por la tarde llegaron con mucha hambre y bastante sucios del camino en bici, por lo que tras guardar la bici en el corral, o garaje como le llamaban ahora, se ducharon y se pusieron directamente el pijama. Sin haberse dicho nada, aparecieron los tres con el pijama puesto. Señal de que habían acabado bastante reventados de la excursión y no pensaban salir esa noche.
Cenaron y Joan dijo que estaba cansado y se subió a la habitación. Andrea y Ruth no tardaron ni diez minutos en hacer lo propio.
Joan ya estaba metido en la cama cuando subieron ellas. Aunque en un principio él iba a dormir en la cama de la estancia pequeña anexa, como por la noche dedicaban un buen espacio de tiempo a hablar, desde allí no se oían bien, por lo que se pasó a la cama central de las tres existentes en la primera estancia grande y en las de los lados dormían ellas.
Los tres muchachos eran bastante desinhibidos y poco pudorosos, debido a que desde pequeños se habían visto, duchado y dormido juntos en el pueblo. Además de que sus padres les habían educado dentro de la tolerancia y abiertos a todo, sin esconder su físico. Por ello Joan siempre dormía en calzoncillos, aun estando ellas y Andrea con una camiseta que la tenía allí de otros años, y lo cierto es que le venía ya un poco pequeña y Ruth a veces con un camisón, y a veces solo en braguitas, según el calor que hiciera. Vamos, que estaban acostumbrados los tres a verse semidesnudos, y no por ello causaba ningún tipo de contratiempo o rubor.
Empezaron a hablar desde la cama del día que habían pasado y lo bien que se lo habían pasado. Ruth entre sueños, pasada media hora, les dijo que no hablaran muy alto que ella se estaba durmiendo, por lo que Andrea, para no hablar tan alto, se metió en la cama de Joan. No eran camas grandes, por lo que Joan se tuvo que echar ligeramente a un lado para que se acomodara Andrea. Ésta se acomodó de lado entre su brazo y hombro, notando Joan sus pechos perfectamente, grandes y duros. Ella jugueteaba con sus pies con los de Joan, mientras hablaban en silencio.
Joan era el típico chico que siempre estaba rodeado de chicas. Sería su pequeño amaneramiento, sería su forma de escucharlas, sería su conversación. No se sabe, pero ellas tenían como una atracción especial hacia él. Le contaban incluso sus cosas o sus intenciones con chicos de otros pueblos. Él estaba encantado, y era motivo de risas y comentarios entre sus amigos chicos por ello, no sin un poco de envidia realmente.
En un momento de la conversación hablaron de cuando en la orilla del río empezaron todas las chicas a jugar y a abalanzarse sobre él, y como él para zafarse de ellas se hizo un ovillo boca abajo.
– Anda que no te habrás reído esta tarde cuando nos hemos tirado todas encima de ti, eh!.- le dijo Andrea por lo bajini.
– Bueno, si, -respondió Joan-, aunque al final me agobiabais un poco, la verdad.
– Pero dime la verdad, ¿por qué te giraste?.
– ¿Cómo que por qué? – repreguntó él.
– Si, cuando estábamos todas haciéndote cosquillas y riendo, y tu haciéndonos cosquillas a nosotras también, eh bandido!!, de una te pusiste boca abajo y se acabó el juego. – le explicó ella.
– Pues no sé, aquello se iba de las manos, no? Nunca mejor dicho……-dejo la última frase en el aire Joan.
– Jajajaja. ¿Por qué lo dices, porque Luisa tocaba por todos los lados?
– Bueno, Luisa y tú sin ir más lejos. Aunque yo al principio me cortaba un poco, luego iba a saco y alguna teta que otra también toqué. Jajajaja – rió Joan.
– Si, si, ya lo noté. Como la mía. Jajajja
– Jajaja, si. Te lo tenías merecido!!! Jajajaj
– Pero cuando te diste la vuelta, noté, porque lo vi y porque te lo toqué, -puntualizó Andrea entre risas-, un bulto ahí abajo en tu bañador.
– Ah! Fuiste tú entonces quien me tocó mi polla. Que guarra!!!!, -dijo con aire indignado.
– Jajaja, si fui yo. Se veía muy grande y no pude evitarlo.
– Bueno, si. La verdad es que por eso me giré. Cuando se me empalma se pone bastante grande y me da palo, la verdad. Si no me hubiera girado seguro que hubiera asomado por el bañador, y hubiera sido algo “raro” para mi.- le confesó Joan a Andrea, mientras ésta abría los ojos como platos.
– Tan grande se te hace, tío?,- le susurro Andrea.
– Si.
– Pues eso hay que verlo.
– Que dices!!!
– Si, va enséñamela, – le rogaba casi Andrea-. Porfi, porfi, porfi!!!!!
– Estás loca, tía.
– Venga primito……La quiero ver.
– Pero eso es cuando se empalma. Ahora no, mira.- le dijo Joan mientas le cogía la mano a ella y le la ponía encima del calzoncillo para que notara que estaba “pequeña”.
– Pero eso tiene solución, -le dijo despacito al oído Andrea-, mientras hacía movimientos con su mano.
– ¿Qué haces, tía?,-le dijo mas bajo todavía Joan.
– Despertar a la fiera, no lo ves.- Le confirmó ella, mientras le metió la mano bajo el calzoncillo y jugueteaba con su miembro y con sus huevos.
– Estás muy loca, Andrea.- le dijo.
– Ya ves,- rió ella.
– Pues si quieres ponerla bien morcillona lo más fácil será que me dejes tocar tus tetas. –le dijo Joan con tono sarcástico.
– Vale. –le respondió ella mientras con la mano libre se subió la camiseta hasta el cuello, dejando libres sus grandes pechos.
Joan puso una de sus manos sobre uno de los pecho. Eran muy grandes. No le cabía entera en su mano. Lo que más le sorprendió fue la dureza del tacto y aún más si cabe lo duros que tenía lo pezones. Notaba una aureola grande y dura, fruto de la excitación del momento, rematada por un enorme pezón que sobresalía de la aureola. Dirigió la mano a la otra teta y aunque en esta no tenía el pezón tan duro, no tardó en igualar al otro tras unas pequeñas caricias y un par de pellizquitos.
– Son enormes, tía.- le dijo Joan. No creía que fueran tan grandes…..vamos, se te ven grandes vestida y eso, incluso con el bañador, pero…… así tocándolos son enormes, – añadió.
– Bueno, si. No están mal de tamaño, supongo.
– Ya te digo.
– Lo que tampoco está nada mal es el tamaño que ha cogido tu polla, eh tío!!! –dijo con tono de asombro.
– Ya te lo dije.
– Al tacto se ve nota enorme. Esto hay que verlo. – dijo ella-. Enciende la luz, – dijo casi con tono autoritario.
– Que dices tía, que despertamos a tu hermana. –le replicó él.
– Vamos, enciende la luz de la mesita. Ilumina poco y no se dará ni cuenta.
– Bueno, vale, así veo también tus bufas, jajaja. –rio Joan mientras estiraba el brazo para encender la luz.
Cuando la pequeña lamparita se iluminó, aunque daba poca luz, pudieron verse completamente. Joan se quedó alucinado del par de tetas de Andrea. Grandes, con una forma espectacular y con esos pezones apuntándole casi a su cara. Siguió mirando, la camiseta en el cuello, casi enmarcando aquella carita angelical que tenía, y en todo su cuerpo unas curvas estupendas. Con el tamaño de sus pechos siempre había tenido la impresión que Andrea era más rellenita. Sabía que no era gorda, pero realmente tenía una cintura ideal y unas caderas perfectas, dejándose ver tras esas braguitas que estaban un poco bajadas, el inicio de vello púbico. Las piernas también las tenía bonitas.
Pero lo que vio Andrea la dejó impactada. El torso de Joan lo había visto mil veces y no era nada especial, ni por musculoso, ni por fibroso. Pero el aparato que salía de su calzoncillo era realmente espectacular. Aunque lo había acariciado con la mano hasta que se había empalmado, se dio cuenta realmente de su tamaño cuando lo vio. Le subía por fuera del calzoncillo hasta sobrepasar su ombligo en tres o cuatro dedos. Y tenía vida propia, se hinchaba por momentos y se movía hacia arriba y hacia abajo. Ella solo tenía el recuerdo de aquel chico en una discoteca de su ciudad que le llegó a ver su polla y en su momento le pareció algo grande, y realmente no era ni la mitad de la de Joan.
– Pero dí algo, -dijo Joan.
– Buffff, que pasada. – replico Andrea.
– ¿Comprendes ahora porque me daba palo que me vieran así?
– Si,….. si….., -balbuceó ella-, más o menos.
– No me digas que no es algo exagerado.
– Y tanto que es exagerado. Pero…… es bonita.
– ¿Bonita? Y poco practica….. o cómoda. –dijo Joan.
– Hombre, practica, practica……..me da que si puede serlo. –dijo entre risas Andrea.
– Muy graciosa.
– Chico, mira, poco prácticas pueden ser mis tetas, pero tu polla. A más de una le harás pasarlo bien.
– Pues lo mismo puedo decir de tus bufas, tía.
– Bueno, supongo que cada uno ve la historia de una manera. – le dijo Andrea.
– Ya!, puede ser.
– Pero una cosa, y no te ofendas. ¿A ti te van las tías o los tíos? –le dijo ella mirándole fijamente a los ojos.
– ¿Que te parezco gay? –dijo él.
– No, bueno, no sé. Como no te he visto liarte con una tía…… -dijo, ni con un tío, -añadió rápidamente-, y un podo amanerado si lo eres, la verdad, primito.
– Pues yo no me lo noto. ¿De verdad?
– Vamos que te van las tías. –concluyó ella.
– Si. Y a ti los tíos, claro.
– Si, si, claro.
– Y aquí estamos, tú con tu mano en mi polla y yo con la mía en tus tetas. –dijo medio riéndose Joan.
– Bueno, míralo por el lado positivo, estamos inspeccionándonos, haciéndonos una clase de anatomía, como las de clase con el profe, pero entre nosotros.
– Eso está bien. Pues para completarla solo me falta verte tu coñito.
– ¿Te mola este juego, eh? –dijo ella.
– Vale, me quito la braguita, pero tú quítate el calzoncillo.
– Hecho.
No habían pasado ni diez segundos y ahí estaban los dos, uno delante del otro, completamente desnudos, él con la polla tiesa como un mástil, y ella con los pezones en punta. Sin decirse nada se acariciaron el uno al otro. Se inspeccionaron. Se tocaron cada parte de piel que estaba al descubierto. Ruth dormía dándoles la espalda en la cama de al lado, y ellos, tumbados sobre la cama, desnudos, con la sabana en el suelo, faltándoles manos y ojos para procesar tanta información.
– ¿Me dejas verte de cerca tu coño? –dijo Joan a Andrea.
– Te dejo, claro que sí. –le contestó ella.
Se subió un poco en la cama a la par que él se bajaba. Dobló las piernas para facilitar la visión. Ella tenía su cuello y cabeza apoyada en el cabecero de la cama, su espalda sobre la cama y las piernas abiertas y dobladas. Él metió su cabeza entre las piernas, pues la luz era muy tenue, para ver mejor. Apartó suavemente los pelos púbicos para poder observar bien su coño. Levantaba la cabeza y riendo le dijo sonriendo: “puedo identificar cada parte como en el libro de ciencias”. Y le fue nombrando cada parte.
– Esto es el monte de Venus, con mucho pelitos….., -rió Joan-, esto lo que cubre el clítoris, -decía mientras tocaba ligeramente con el dedo cada parte que nombraba, produciendo un escalofrío en Andrea-, que si lo retiro un poquito se debe ver……, -decía mientras presionaba un poco la zona-, si, si, eso mas rojito debe ser el clítoris, – añadió.
– Ay, uffff, debe ser, si, ahhh, debe ser. Pero si tocas chúpate un poquito el dedo que esté mojadito, por favor, que se note más suave al tacto. –le dijo Andrea.
– A ver, a ver, está muy suavecito el clítoris, -le decía mientras tocaba con la yema del dedo humedecido por su saliva, y ella daba un pequeño saltito al notar su tacto.-.
– Uffff, vaya tela, tío.
– ¿Qué ha pasado?
– No sé, me ha dado un no sé qué por el cuerpo cuando me has tocado, que no veas!! –dijo Andrea con una sonrisa de oreja a oreja.
– Pues lo vuelvo a repetir.
– Uff, no sé, no sé. Prueba a ver.
Joan se volvió a chupar el dedo mientras con la otra mano presionaba hacia arriba en el monte de Venus para dejar mas al descubierto el clítoris de su prima. Entonces empezó a tocarlo suavemente, haciéndole pequeños círculos, y mientras veía como se hinchaba ligeramente y sobresalía más de su cueva. Mientras Andrea cerraba los ojos y se recostaba lo que podía hacia atrás, mientras le embargaba una oleada de un placer indescriptible para ella hasta el momento. Joan continuó para ver hasta dónde podía llegar, viendo la reacción de ella. En ese momento ella se llevó las manos instintivamente a su entrepierna, estirándole hacia arriba, lo que facilitaba todavía más a Joan la visión del sexo de su prima, quedando completamente al descubierto todo su hinchado y palpitante clítoris, momento en que su primo aprovechó para casi cogerlo con su dedo índice y pulgar, acariciándolo suavemente de un lado a otro. Pasados unos pocos segundos, Andrea dejó caer todo su cuerpo mientras notaba como los muslos y las piernas se le movían de forma incontrolada y respiraba de manera agitada, ahogando un grito para no despertar a su hermana. En un principio Joan se asustó, pero pasados unos segundos Andrea abrió los ojos y mirando a su primo le dijo: “Que pasada tío!!” mientras se quedaba totalmente estirada en la cama, relajada. Joan le preguntó:
– ¿Qué ha pasado?
– Ni idea, pero era un gustito increíble recorriéndome todo mi cuerpo.
– Pero gustito……como?
– No sé, nunca lo había notado. Es como un calambre por todo el cuerpo y también ahí mismo, donde me tocabas, y un gustito enorme, pero enorme de grande.
– Joer, vaya tela. Que fuerte!!!! –dijo admirado Joan. Pero déjame terminar de ver tu entrepierna que no he acabado. –añadió Joan.
– Te dejo, te dejo, manitas. –dijo Andrea mientras se posicionaba como antes.
– Uff, lo tienes todo super mojado, casi como si te hubieras meado, pero no huele a pipi. –dijo Joan acercándose a escasos milímetros para olerlo.
– Si, no sé, me noto super mojada ahí abajo.
– También veo aquí lo que debe ser los labios mayores y esto de aquí serán los labios menores,……pero……
– ¿Pero qué? –dijo ella casi asustada
– Pues que son muy distintos a los que se ven en los dibujos de los libros. Los tienes super salidos hacia afuera, -decía mientras los cogía con los dedos, momento en que su prima dio otro saltito-, y super mojaditos, -añadía mientras pasaba los dedos por la cara interior de sus labios menores.
– Ay, primo, que gustito de nuevo, sigue tocando así, suavecito.
– ¿Cómo, así?, -decía Joan mientras seguía tocando sus labios vaginales y aprovechaba para meter un dedito hacia dentro.
En ese momento ella le cogió su mano y le guiaba en los movimientos mientas Joan veía como se retorcía en la cama y se mordía los labios para no emitir sonido alguno, pero moviendo con una de sus manos la mano de su primo por sus húmedos labios, mientras con la otra se la llevaba a la piel que recubría su clítoris y empezaba a tocarse en círculos, mientras Joan miraba asombrado cada movimiento, y comprobaba como su enorme polla estaba palpitante, dura, enorme, en el momento que Andrea se dejaba caer por segunda vez en la cama con otro orgasmo espectacular.
– Esto es increíble, tío. –dijo muy bajito a su primo, mientras su hermana se removía en la cama, en sueños.
– Ya veo, ya. Pero mira como estoy yo. –le dijo mientras le enseñaba su enorme pene, que recordaba por las proporciones mas al aparato de un caballo que al de una persona.
– Joer tío, es enorme. Ahora déjame vértela a mi. –le dijo ella mientras se la cogía con su mano derecha, y él se acomodaba en la cama, tumbado, dejando su empalmado miembro apuntando al techo y cayendo por su peso sobre su vientre.
Andrea la cogía con las dos manos y la levantaba para ver su verdadera dimensión. La tenía asida con sus dos manos y sobresalía mucho todavía por arriba y por abajo. Le empezó a mover la piel hacia abajo, dejando asomar el glande, que brillaba mucho pues había lubricado algo de líquido fruto de la excitación del momento. Ella intentaba bajar todo el prepucio pero en la parte más ancha del glande se quedaba parado, mientras él le pedía que lo hiciera con cuidado. Se acercó más como empeñada en conseguir lo que se proponía. Se mojó con su saliva los dedos y mientras con una mano empujaba la piel hacia abajo, con la otra humedecía el glande e intentaba tirar la piel hacia abajo.
De reojo veía como su primo se mordía los labios, fruto del placer que le estaba dando casi sin querer. Ella interpretó, al igual que hizo ella, que le gustaba al verle con ese gesto, y continuó con sus movimientos. En un momento dado bajó toda la piel y dejó al descubierto todo el glande, rosado, tenso, palpitante y húmedo. Era enorme. Ella se quedó maravillada al verlo, y mojándose la palma de su mano con la humedad que todavía tenía en su coño, intentaba abarcar el glande de su primo con la mano, mientras hacía movimientos de giro con la mano cerrada sobre su glande, y con la que tenía en el tronco del pene movimientos de sube baja. Tras escasos segundos, notó que se hinchaba más si cabe el glande, y como algo presionó la palma de su mano cuando la pasaba por la punta de su pene. Al retirarla ligeramente vio como salían chorros de líquido espeso en gran abundancia. Por instinto ponía la mano para parar cada latigazo de semen, mientras resbalaban por el pene hacia sus huevos y pelos púbicos. No sabe la cantidad de chorros que salieron, pues solo notaba pequeños golpecitos en la palma de su mano mientras él se retorcía de placer intentando no hacer ruido.
La imagen era realmente sensual. Un chico joven desnudo, con un falo enorme, eyaculando cantidades ingentes de semen, mientras una chica preciosa, totalmente desnuda, con una tetas perfectamente enormes y un cuerpo joven lleno de curvas, le tenía cogida ese prodigio de la naturaleza, sobre la cama, mientras la hermana estaba dormida, en la otra cama, dejando escapar una preciosa teta sobre la fina sabana.
A la mañana siguiente cuando se despertaron se miraron con cara cómplice y un poco avergonzados. Recordaban cada segundo de la noche pasada y, lejos de sentirse mal, los dos tenían ganas de repetir. Esperaron en la cama a que se despertara Ruth, para intentar hablar con tranquilidad de lo ocurrido. No tardó en despertarse, y como de costumbre, se tiró de la cama, se metió al baño y en dos escasos minutos les estaba diciendo que les esperaba abajo.
Joan y Andrea se habían dormido totalmente desnudos. Salió Andrea de su cama y se metió en la de Joan, buscando el calor de su cuerpo. De momento no había palabras. Se abrazó a él, acomodando su cuerpo al de él. Él metió la mano bajo su cuello y también la abrazó. Se giró para ponerse ambos de lado, frente a frente. Ahora estaba todo su cuerpo en contacto. Solo abrió Joan la boca para hacer una pregunta: “¿Hicimos bien? Andrea no respondió. Solo se apretó más a él. Clavaba sus grandes pechos en los de Joan, y las piernas las tenían entrelazadas, de forma que la pierna de Andrea presionaba la polla algo morcillona típica de los chicos por la mañana. Notaba un calor enorme en su pierna, al igual que la pierna de él que estaba en contacto con el velludo sexo de ella. Él le acariciaba la espalda desde el cuello hasta el culo, haciendo que a Andrea se le erizaran los poros de su piel. Notaba sus pezones duros y unas cosquillas le bajaban por el vientre hacia su sexo. Por su parte, él, notaba sus duros pechos presionando y los pezones duros como rocas apretados en su pecho, y con cada caricia que le daba lo iba sumiendo en un estado previo de excitación, en el cual no tardó nada en empalmar la enorme polla del chaval, presionando el vientre de su prima y el suyo propio, rogando libertad de movimientos.
Ella al notar su falo, levantó la vista y le susurró al oído; “Ya hemos despertado a la fiera”, cosa que hizo que Joan se ruborizara al instante. Ella se separó de él, y bajo la vista para observar aquel prodigio de la naturaleza, no tardando en cogerlo con una de sus manos, apretándolo fuerte, sin poder tocarse los dedos debido al grosor. Mientras con la otra mano le empezaba a sobar los huevos musitó un “esto es increíble” que hizo excitar más a su primo. Él aprovechó la separación creada para admirar sus enormes tetas y empezar a sobárselas y a pellizcar sus bonitos pezones. Ella empezó a respirar de forma más profunda, y salivar mas mientras se mordía su labio inferior. A esas alturas él ya había bajado una de sus manos a su sexo, comprobando lo húmeda que se había puesto, tal y como había soñado durante la noche, una vez dormidos tras la inocente experiencia nocturna. Ella cerró los ojos y se dejó hacer, mientras aumentaba el ritmo de la paja que le estaba proporcionando a su primo, ahora ya a dos manos. Debido a la posición él no llegaba con total claridad a su sexo, pero si encontró su duro clítoris, en el cual se centró, proporcionando el primer orgasmo de la mañana a su prima, que estirándose todo lo que podía, lo recibió con su boca apretada al hombro de su primo, para evitar hacer ruidos, mientras tras unos segundos de placer, proseguir si cabe con mayor ritmo en la paja a su primo. Él al comprobar que había hecho llegarle al orgasmo se dejó hacer, cerrando los ojos, mientras ella le recorría todo su rabo con las dos mano, como si fuera una coreografía meditadamente estudiada, mientras ella observaba cubrirse y descubrirse su glande con el prepucio en cada movimiento que le hacía. Observó como brillaba la punta de su polla con el liquido preseminal, a la vez que al observar que la respiración de Joan se iba agitando mas, aumentaba el ritmo de las sacudidas sobre su polla, mientras ella se acercaba a ver aquel prodigio de la naturaleza, observando ese grandioso glande rojo y brillante. Le sorprendió el primer chorro, a la vez que Joan le avisaba con un breve “ya llega”, con la cara cerca de su glande, por lo que le acertó de lleno en la comisura de los labios. Y el segundo en uno de sus ojos, y el tercero y el cuarto le regó su hermoso pecho. Ella no para de agitar con una mano, mientras con la obra se la ponía sobre su glande para evitar llenar toda la cama con la lefa del chaval. Irremisiblemente parte del primer chorro le entró en la boca. Fue una experiencia extraña, un sabor que no sabía identificar, pero que no le debió desagradar, cuando se relamió con la lengua lo que le quedaba en los labios, y también cuando se quitó el chorro que le cayó en el ojo, llevándoselo de inmediato a la boca. Joan flipaba con aquello. Cuando acabó de eyacular, Andrea tenía toda la palma de la mano llena de semen, y ante la posibilidad de que se cayera sobre las sábanas empezó a chuparlo. Pero no todo, pues parte se lo dio a Joan, que ante su estupor inicial, terminó de chupar su propio semen en la mano de su prima. Ella por su parte, y con la otra mano, se recogía lo que le había caído en sus pechos y lo limpiaba concienzudamente, primero con su mano, para luego llevárselo a su boca.
No se dijeron nada. Se levantaron y se ducharon juntos. De forma rápida, porque su abuela ya le estaba llamando desde la cocina, por lo que no la hicieron esperar. Y aunque se ayudaron a enjabonarse, y para cuando se limpiaban los restos de jabón con el agua, Joan ya empezaba a dar signos de que su polla empezaba a revivir, salieron de la ducha para no liarse más y bajaron como si nada hubiera pasado a desayunar.
Los dos siguientes días pasaron de forma rutinaria por el día, mientras que por la noche eran momentos de explorarse y disfrutar el uno del otro. La mecánica era la misma, se quedaban hablando hasta que Ruth se quedaba dormida, momento en que se metían Joan y Andrea en una cama juntos y empezaban a tocarse y experimentar cosas y sensaciones juntos.
Pero en la segunda noche, mientras estaban los dos metidos en la cama, tapados por la sabana y con la pequeña luz encendida, Ruth se despertó, oyendo cosas que venían de la cama de al lado. Les preguntó, todavía con los ojos cerrados, que si todavía no dormían. Joan y Andrea se quedaron parados, por miedo a que les pillaran. Se dio la vuelta Ruth y los vio metidos en la misma cama.
– ¿Qué hacéis metidos en la misma cama? –dijo Ruth, al girarse y verlos.
– Humm, nada, aquí, hablando, para no despertarte. –dijo Andrea.
– Pues me habéis despertado.
– Ya, bueno, lo sentimos. –dijo Joan. Pero sigue durmiendo, que ya nos callamos.
Pero se lo decía para convencerla, pues en ese mismo momento su prima le tenía cogida su polla empalmada bajo la sábana, había levantado una pierna para que no se notara y él le estaba acariciando su sexo a la prima. Ruth veía algo raro en sus tonos de voz y en la situación, por lo que estaba dispuesta, ahora que se había desvelado, a saber qué es lo que ocurría.
– Pues a mí ya se me ha ido el sueño. –replico Ruth. Creo que me voy a unir a la charla, -añadió.
Sin que les diera tiempo a nada a sus primos, Ruth se quitó la sábana de encima, dejando ver su hermosos cuerpo, más fino y delgado que el de Ruth, con menos pecho pero siendo también grande y muy bien colocado, y una cinturita estrecha, que le resaltaba las tetas y esas bonitas caderas rematadas por un culito respingón. Salió de la cama y de un salto se pasó a la cama donde estaban ellos, levantó la sábana para meterse en el pequeño hueco que quedaba, cuando se encontró el panorama. Abrió los ojos como platos. Veía a su primo con aquel imponente falo empalmado y totalmente desnudo, la mano de su prima rodeando el pene de su primo a mitad de tronco y asomando entre el prepucio algo bajado, el gordo glande rojo y ya ligeramente humedecido. Y a su hermana totalmente desnuda y con una de las manos de su primo en la entrepierna de ella. Se quedó helada.
– Vaya, vaya, familia…….. – dijo irónicamente Ruth. Veo que solamente hablar no hacíais.
– Eh, bueno, no s酅. –balbuceó su hermana.
– Es que, bueno, yo,…..tu hermana……. –acertó a decir Joan.
– No me tenéis que dar explicaciones, eh!. –dijo Ruth mientras se intentaba hacer un hueco en la cama, y tiraba toda sabana hacia atrás al suelo. –Y añadió- pero puedo unirme, no?
– Si, bueno, no sé. –dijo Joan, mientras miraba avergonzado a Andrea.
Ruth tomó posición en el hueco de cama que quedaba, mientras no paraba de mirar el pene de su primo. Puso directamente su mano abarcando en lo que podía el tronco de su pene, y empezó un pequeño movimiento de sube-baja, haciendo que la mano de su hermana se retirara. Veía como el glande iba apareciendo casi en su totalidad y como se iba ocultando, al ritmo del movimiento de Ruth. Con la otra mano empezó a masajear los huevos. Joan y Andrea se miraron, viendo que tenía mucha soltura en aquellos movimientos, a pesar de tener un año menos que Andrea. Llegado un momento dio una sacudida mayor a la polla de su primo y se quedó todo el glande al descubierto, mientras proseguía con el movimiento de la mano, y llevando la mano con la que estaba tocando a los huevos a su boca y aplicándole saliva, le tocaba el glande en círculos. Joan no pudo más que soltar un suspiro mientas cerraba los ojos y se dejaba hacer. Veía que Ruth sabía lo que se hacía, y él empezó a tocar el cuerpo desnudo de Ruth, por las caderas y la espalda. El tacto era suave y notaba sus perfectas curvas. Estaba excitándose más por momentos. Andrea observaba los movimientos de su hermana en silencio. Pasados unos segundos dijo.
– Vaya hermanita, parece que sabes muy bien lo que haces.
– Pues si. ¿Por qué no? – le dijo guiñándole un ojo.
– Si que sabe, ……si. –Dijo riéndose Joan mientras mantenía los ojos cerrados.
– No me digas que no sabes qué hacer con semejante instrumento, -le dijo Ruth a su hermana. Y añadió -, te digo que he visto unas cuantas y esta es tremendamente más grande que cualquiera de las que haya visto.
– Sí que es grande, ya se ve. ¿Y que puedo hacer, según tu? –dijo Andrea con voz retadora.
Ruth no le respondió. Se inclinó y se metió la polla en la boca. Joan al notar un cambio de textura en lo que tocaba a su pene abrió los ojos y vio como su prima pequeña estaba chupando su polla como el helado que se habían tomado esa tarde. Le chupara solo el glande, le hacía círculos con la lengua y le sorbía con los labios cuando se la sacaba. Joan estaba experimentando unas sensaciones nuevas indescriptibles. Levantó la vista Ruth hacia su hermana y le dijo:
– ¿No me digas que no se te había ocurrido hacerle esto?
– Pues….. –dudó en su respuesta – …..pues no se hermanita, parece ser que no sé tanto como tú. –añadió de forma irónica.
– Ya veo ya….. pues ves aprendiendo hermanita, -le dijo Ruth. Y que sepas que al contrario también se hace, y no veas como mola. –le dijo Ruth, mientras se incorporó y poniéndose a modo de 69 le puso su entrepierna en la cara de Joan, que sorprendido la acogió sin rechistar.
– ¿Qué haces Ruth? –le preguntó Andrea.
– Primito, ahora el que tiene que chupar también eres tú. A ver qué tal se te da. –le dijo Ruth a su primo.
Joan tenía ante sí el coño depilado de su prima, cosa que fue lo primero que le sorprendió. Apenas tenía pelos, y los que tenia, unos pocos inmediatamente encima del clítoris, eran muy pequeños y recortados. Nada que ver con la mata de pelo de su hermana Andrea. De esa forma pudo ver perfectamente el bonito coño de su prima, incluso el orificio del ano y el tremendo culo que se gastaba su prima. Puso sus dos manos sobre el trasera de ella, mientras daba lametones en toda la longitud del sexo, oyendo como empezada a realizar sonidos de placer su prima, a lo cual él empezó también a hacerlos mientras seguía chupándole la polla. Andrea observaba la situación con los ojos como platos. Estaba viendo como su hermana pequeña le estaba haciendo lo que llamó un 69 a su primo, todo ello a escasos cinco centímetros de ella. Mientras, observaba la escena con verdadero estupor y empezaba a excitarse considerablemente. No se le ocurrió otra cosa que empezar a tocarse las tetas y su sexo mientras veía como se daban placer mutuo sus primos.
Ruth levantó la cabeza y al ver la excitación de su hermana llevó una de sus manos hasta el sexo de Andrea y buscando el clítoris, y tras humedecer sus dedos con la humedad de su sexo, empezó a acariciarle el clítoris. Andrea se quedó más que sorprendida. Su propia hermana le estaba proporcionando placer. No supo cómo reaccionar, por lo que se dejó hacer. Ruth se sacó dos segundos la polla de su primo de la boca mientras le dijo a su hermana: “hermanita, a ver si te quitas ese matojo de pelos que llevas ahí bajo”, mientras seguía con la masturbación a su hermana. Joan, que no se había dado cuenta de la situación, pues estaba concentrado chupando el coño de su prima, por un lateral vio como la mano de Ruth estaba tocando el coño de Andrea. Se quedó flipado. Pero prosiguió con lo suyo.
Ruth tras esas palabras siguió con su tarea en la polla de Joan, mientras miraba a la cara de su hermana y veía que se le acercaba su orgasmo, por lo que aceleró los movimientos sobre su clítoris, y le hizo tener una impresionante venida por la reacción en la cara de su hermana y por los movimientos de caderas y piernas de ella, mientras se recostaba en la cama junto a Joan, disfrutando de los últimos coletazos de su orgasmo. En ese momento se centró con las dos manos y su boca en la polla de su primo. Se metía a duras penas todo el glande y parte del tronco de la polla, dejando espacio más que suficiente para hacerle una paja a dos manos en el resto de falo. Joan empezó a subir la intensidad de sus gemidos, siempre dentro de lo silencioso que lo hacía, y Ruth comprobó cómo se dilataba su glande, mientras ella aumentaba el ritmo de succión y caricias con la lengua en el frenillo y pajeaba ya de forma salvaje el resto de falo. Joan apenas pudo decir un “ya sale” a la vez que empezó a eyacular salvajemente, rodeado de un orgasmo brutalmente placentero, mientras Ruth en ningún momento sacó su polla de la boca y los chorros de semen se estrellaban contra su paladar y los iba tragando como podía. Perdió la cuenta de chorros de lefa en su boca, pues cuando pensaba que ya había acabado, le pasaba la lengua por el glande y soltaba un penúltimo chorro. Cuando se aseguró que ya había acabado, se la sacó de la boca y empezó a acariciar el glande con los labios, viendo como Joan se retorcía de gusto. También vio como su hermana observaba la situación con la boca abierta mientras le decía:
– ¿Pero no ha salido semen? –dijo de forma inocente.
– Pues claro que sí. –le contestó Andrea.
– Si, si…..y mucho –dijo Joan con la voz entrecortada.
– Pero me lo he tragado, todo, todo…..hummmm.- dijo Ruth.
– Que fuerte. –dijo Andrea.
– Jajajaja, – rió Ruth. –Hermanita, hay que disfrutar al máximo, y ver como una polla te llena la boca de semen, mientas le haces una mamada, te digo que es algo increíble, –añadió Ruth.
– Y tan increíble, -dijo Joan.
– Bueno primito, tú no te me distraigas y chupa bien por ahí abajo, -le ordenó Ruth, mientras bajó sus manos hasta la boca de su primo para guiarle donde debía chupar.
Entonces Joan se centró en lamerle el clítoris, mientras ella se acariciaba la entrada a su vagina y se introducía dos dedos. Joan observaba con ojos como platos la maestría que tenía su prima pequeña en temas de sexo. Llegado un momento Ruth le ordenó que presionara con la lengua con fuerza e hiciera círculos. Joan estaba desbordado pero empezó a hacer lo que le dijo. En ese momento su prima se llevó los dedos al ano y se empezó a meter el dedo índice. Él flipaba con todo aquello. Mientras, y por la excitación, su polla no perdió ni un ápice de dureza, lo que aprovechó Andrea para simular a su hermana y empezó a chupara la polla de su primo, a escasos centímetros de la cara de su hermana que tenía una cara de placer que nunca le había visto y los ojos cerrados, mientras se mordía el labio inferior. Joan no se creía nada de aquello, pero a pesar de que ya le dolía la mandíbula, aumentó el ritmo de su lengua y la presión sobre el clítoris. Pasados escasos diez segundos vio como su prima tuvo un orgasmo espectacular y su cara se le llenó de líquidos que salieron del interior de su prima pequeña, mientras agitaba las caderas de forma espasmódica fruto del orgasmo que tenía. Cuando se recuperó un poco Ruth, abrió los ojos y vio a su hermana Andrea chupando la polla de su primo, a lo que se unió, cosa que sorprendió mucho a Andrea, pues notar el contacto de los labios de su hermana sobre la polla de Joan, era algo nuevo. Joan volvía a flipar con aquello. Las dos hermanas chupándole la polla. Una vez pasado el momento “sorpresa” siguieron las dos hermanas con la tarea, habiendo momentos en que Ruth solo besaba los labios de su hermana, cosa que sorprendió nuevamente a Andrea, pero ella se deja hacer, pues no le desagradaba, hasta el momento en que ellas se fundieron en un morreo mientras le pajeaban a Joan, y mientras unas de sus manos tocaban los pechos de la otra. Joan no veía mucho pero se imaginaba la situación, además tenía frente a si el coño de Ruth, que ahora que lo veía con más detenimiento le pareció espectacular. El clítoris lo tenía salido de su capuchón, dilatado y sus labios vaginales totalmente humedecidos. No se pudo resistir y empezó a lamer el coño de Ruth desde el clítoris hasta el ano. Se estaba aventurando pero al ver que ella se había metido un dedo en el ano le hizo tomar iniciativa, cosa que comprobó que a su prima le gustaba por el sonido de placer que hacía. Ellas se volvieron a centrar en la polla de su primo mientras pajeaban más rápidamente aquel falo. Cuando notó Ruth que iba a eyacular otra vez, le dejó la polla para su hermana y se la metió totalmente en la boca y le dijo al oído “trágate todo”, mientras ella se centraba en hacerle la paja con la mano. Enseguida notó como se impulsaba el semen hacia la boca de su prima, y como ésta se afanaba por tragarse todo, a pesar de ello parte se le salía por la comisura de los labios, lo que aprovechaba Ruth para, acercándose cuidadosamente, recogerlo con su lengua y tragárselo ella. Joan estaba agotado, vacío y estupefacto. Nunca pudo soñar con una situación así, y estaba ocurriendo.
Pasados unos minutos de vuelta a la normalidad en los agitados cuerpos de los primos, se acomodaron ellas a los lados de él, acogiéndolas con los brazos mientras les acariciaba la parte baja de sus espaldas, y con una gran sonrisa en su boca les decía: “este verano nos lo vamos a pasar pero que muy bien”.

And i’ll take Bobby Ryan in a Red Wing uniform at the trade deadline please.